Valdeavero está situado al este de la Comunidad de Madrid. Su nombre parece que significa Valle de las aves. Por los restos encontrados en el área donde en la actualidad se localiza Valdeavero, queda claro que Roma estuvo presente en la zona. De esos restos el más importante es una inscripción funeraria romana del siglo II d.C en la que se lee: «A los manes de Aurelia Euthenia, que murió de 55 años, Aurelio Gerencio a su madre piadosísima, en virtud del testamento, cuidó de que se le erigiese memoria». No se han encontrado vestigios visigodos, pero los hallados en las proximidades hacen suponer que esta zona estuvo bajo su influencia.

No hay documentos que acrediten un asentamiento musulmán, pero parece que la población fue fundada por los árabes como granja de labor. Hay constancia de la existencia de posiciones defensivas musulmanas en Alcolea que fueron atacadas por los cristianos en el siglo X. Reconquistado por Álvar Fáñez (1047-1114), estos territorios pasan a Alfonso VI, quien cede la plaza de Alcolea de Torote, junto con sus aldeas entre las que se encontraría Valdeavero, al Conde García Ordóñez.

En 1174 la vizcondesa Ermesenda de Narbona (1128-1177) vende la mitad de Alcolea al Monasterio de la Vid. Está en manos de los monjes hasta el 5 de marzo de 1311, cuando la plaza es permutada por tierras y cae en manos de las monjas de Santa Clara de Guadalajara. En el documento de traspaso aparece citado por vez primera el nombre de Valdeavero. Pocos años después, el 3 de julio de 1323, pertenece al arzobispado de Toledo (señorío prelaticio). En el siglo XVI es Villa de la Corona, y figura en las relaciones filipenses como posesión del rey Felipe II, solo dependiente de la Corona y pudiendo levantar horca y picota. «La segunda mitad del siglo XVI fue tiempo de prosperidad para la villa y su templo. La aldea se desmiembra del arzobispado de Toledo y de la cabecera de Alcolea de Torote, pasando a la jurisdicción real, consiguiendo su ansiado privilegio de villazgo».

Por el contrario, el siglo XVII es época de epidemias, cosechas míseras y de tributos reales abusivos. En consecuencia, la Villa pierde población y los tributos y alcabalas la ahogan. Para remediarlo, el pueblo vende parte de sus tierras además de su jurisdicción, el bien más preciado, al Marqués de Campoflorido que la poseyó desde 1715 a 1724. La viuda del marqués vende las propiedades a don Nicolás Fernández de Córdoba (1682-1739), X Duque de Medinaceli. La Casa de Medinaceli quiso rentabilizar las fincas, pero los resultados no fueron los esperados. Así que en 1774 venden el señorío y el vasallaje de Valdeavero a Don Martín de Martiarena Zamarquilena, rico indiano procedente de Chile. Cuando en 1785 muere Don Martín, las tierras pasan a sus nietos como mayorazgo. En 1861 el II Conde de la Cimera,​ titular en ese momento del mayorazgo, vende la hacienda de Valdeavero a Don Antonio de Hompanera y Enríquez por 400 mil reales de vellón.

Desaparecen ya cualquier referencia a la jurisdicción y el vasallaje. Las Cortes de Cádiz y la legislación posterior consagraron ya un nuevo régimen en el que el poder se organizaba de otro modo. Don Antonio de Hompanera, mantuvo la propiedad de la hacienda hasta su muerte en 1884. Dejando beneficiaria de la herencia a su sobrina, Carmen Méndez Hompanera, que moriría pronto. Y así el padre de esta, Rafael Méndez de las Heras, terminaría vendiendo la hacienda en 1892, a los hermanos Aldeanueva de las Heras, Eduardo y Josefa. Tras la muerte de Eduardo en 1906, fueron sus cinco hijos los que heredaron la hacienda de Valdeavero. Los cuales en 1909, vendieron las tierras a otros tantos propietarios, quedando como último propietario conocido, ya en los años 60, Félix Sanz Sanz.

Actualmente, la agricultura, que fue la principal actividad económica del municipio, ha ido dejando sitio a otras actividades, principalmente del sector servicios. La mayor parte de la población activa que reside en el municipio trabaja fuera de la localidad, en poblaciones de la zona conocida como el Corredor del Henares.

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